miércoles, 19 de octubre de 2011

Prologo

Tapiales nació con motivo del paso del Ferrocarril como tantos otros pueblos, a lo largo y a lo ancho de la Republica. Pero Tapiales en particular, nació y creció a su semejanza. Cabe apuntar que la empresa resolvió hacer aquí el centro más importante de esta línea con la incorporación de todos los Talleres. En consecuencia necesito contar con mucho personal y, por añaduría, el pueblo creció dinámicamente.

De más esta decir que en aquellos años, a principios de siglo, el Ferrocarril fue también pilar fundamental del crecimiento fenomenal que se produjo en todo el país. Su organización era perfecta y su personal gozaba de un verdadero privilegio, tener un trabajo estable y bien remunerado. Sometido a un sistema de orden, disciplina y capacitación. El empleado sentía orgullo de ser ferroviario, que a la vez, era muy considerado y valorado por la sociedad circundante.

Las organizaciones gremiales que lo representaban, no iban en zaga, pues gozaban de un gran prestigio y se constituían en verdaderas escuelas, capaces de encausar al trabajador, con responsabilidad, en sus derechos y obligaciones.

En base a estos lineamientos básicos y generales, este personal constituía por lo menos el 80 % de la población de Tapiales. Fácil era suponer entonces que con esa educación, con esos conceptos del deber y con ese nivel económico, el pueblo crecería con una filosofía y un vigor capaz de asegurarle la importancia que a la postre tendría.

Con esos conceptos se fundaron también instituciones sólidas y prestigiosas. Ellas planificaron su actividad en lo cultural, social y deportivo para erigirse en centros de formación para la juventud y de esparcimiento y recreación para la familia. Quizás la que mejor representó al hombre ferroviario por su neto carácter solidario, fue la Cooperativa “Sol de Mayo” administrada y dirigida por sus fundadores, llegando a ser un ejemplo por el servicio que prestaba. Fue una iniciativa de avanzada, pues se anticipó, en mucho, a los actuales supermercados.

Esto fué – en mi concepto y en resumen -, la estirpe que logro Tapiales para convertirse en un lugar distinguido y por cuyas razones, era difícil entender que no contara aun con una obra de envergadura como al que presenta el autor a través de la presente.

Sin duda alguna hoy los habitantes de Tapiales, debemos festejar jubilosamente esta aparición literaria.

Martín Biaggini y su equipo de colaboradores, encabezados por Oscar Tavorro han volcado todo el bagaje de sus conocimientos y de sus minuciosos estudios a través de bibliotecas, dependencias oficiales, archivos, museos y testimonios, para poder lograrlo.

Todo trabajo se jerarquiza siempre por el aporte de los conocimientos técnicos, aunque en este caso el autor puso especial énfasis en señalar hasta estos días, el aporte invalorable de personas que tanto han contribuido con su ejemplo y dedicación a forjar su patrimonio inmaterial, que representa en su esencia la belleza y la personalidad de las cosas. Todas esas personas, que tanta gravitación tuvieron debían ser valorizadas por siempre. Por tanto correspondía que sus nombres fueran recogidos con la sensibilidad con que lo hizo Biaggini.

Merece señalarse que el autor es un hombre muy joven, tiene solo 31 años. Cuando tenía 21, comenzó a escribir la historia de Madero y la finalizó a los 27. Hoy presenta la de Tapiales, pueblo al que lo unen lazos de cariño muy entrañables.

Quiero destacar especialmente lo de su juventud, pues, el que esto escribe, considera que esta es la mejor manera de homenajear a aquellos hombres que, precisamente, confiaron decididamente en su juventud, como fuente de desarrollo y consolidación de sus sueños esperanzadores.

Independientemente y conociendo profundamente los principios que sustenta Biaggini, puedo asegurar que asociándose a aquellos anhelos, cuanta él con los mas profundos deseos de que esta obra sea permanentemente actualizada y perfeccionada, por que – como buen idealista – no es su meta sentarse en el sillón de los halagos, sino que aspira a que el halago lo constituya la cristalización de los ideales.

Sobre las bases sólidas de estos modelos de ayer y de hoy, Tapiales espera confiado alcanzar su mejor historia y el destino venturoso que se merece.

Victor Núñez, Tapiales 2006.

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