miércoles, 19 de octubre de 2011

Los Ramos Mejia


Casco de la Chacra de Los Tapiales - La Matanza


El 20 de noviembre del año 1773 nace en Buenos Aires, Francisco Hermogenes Ramos Mexía Ross, siendo hijo de Gregorio Pedro Joseph de Santa Gertrudis Ramos Mexía y de María Cristina Ross, hija de un desidente escocés. A los diez años de edad recibió una beca para estudiar en el Real Colegio Seminario de la Purísima Concepción de la Virgen (si bien Francisco había llegado al estado clerical, no estaba obligado al sacerdocio). En la universidad de Chuquisaca, termina sus estudios en filosofía, pero no así los de teología. Se casa en La Paz, el 5 de mayo de 1804, con María Antonia Segurola, de 15 años de edad, hija de Ursula de Rojas Ureta y Alquiza, que muere de 21 años de edad al darle vida, y Sebastián Segurola y Olinden, quien fuera gobernador intendente de La Paz a fines de siglo XVIII. Fueron sus padrinos Isidora Segurola, hermana de la desposada, y su esposo Jorge Ballivian. Maria Antonia Segurola, aparte de ser joven y huérfana, era una rica heredera. Para darnos una idea, su padre era el gobernador de uno de los virreinatos mas ricos en oro de todo el continente americano.

El matrimonio regresa en 1808 a Buenos Aires, y María Antonia entrega como dote, 150 mil pesos fuertes, en dinero y joyas, con los cuales su marido compra la chacra de Los Tapiales, en los pagos de la Matanza, y una extensión de terreno de 250.000 hectáreas, en el pago de Monsalvo (actual Partido de Maipú).

Podría decirse que Francisco Ramos Mejía era un místico. Su educación teológica y filosófica lo llevo a profesar un humanismo puro. La obra que realizaba con los indios bien podría describirse como la de un evangelizador.

Francisco Hermogenes Ramos Mejía era un ser humano de alma pura, tenía un don carismático y benevolente que le adjudicó un respeto y liderazgo admirable. Trató bien tanto a indios como a blancos. Lo llamaban “el padre de la tierra”. Gracias a él se logró firmar el pacto de Miraflores, que declaraba la paz entre indios pampas y los criollos.

Sus opositores políticos comenzaron a temerle por su gran amistad con el Indio.

En medio de la cruenta lucha entre Unitarios y Federales, en el año 1829 tras su derrota en Puente Márquez, el General Lavalle se dirige en retirada y acampa en la chacra de los Tapiales. Luego de unos meses de estadía, y un histórico encuentro con Rosas en su estancia en la actual localidad de Virrey del Pino, en junio y agosto de 1829 firma el pacto de Cañuelas y luego el de Barracas, dando lugar así a la elección de Juan Manuel de Rosas como gobernador de Buenos Aires.

Francisco Hermogenes Ramos Mexía falleció en el año 1825 en su estancia Los Tapiales. El mismo día de su muerte, su familia inició los tramites para poder sepultarlo en el parque de la chacra de Los Tapiales. Pasaron dos días esperando el consentimiento para la inhumación. El cuerpo de Francisco Ramos Mejía continuaba en una de las salas de la chacra. Al tercer día, entraron a la sala ocho indios, tomaron el féretro con el cuerpo de Don Francisco y lo depositaron sobre una carreta. Fuera de la casona, los esperaban varios indios que formando un cortejo, siguieron a la carreta, la cual, cruzó el Río Matanza, y se perdió en el desierto. Nunca se supo el lugar exacto en el que fue enterrado Don Francisco. Ese secreto murió con los indios.

Su esposa, se casa con su cuñado, el Sr. Idelfonso Ramos Mexía, previo acuerdo de separación de bienes.

Al morir Maria Antonia Segurola, el día 13 de agosto de 1860, ante el juez de primera instancia Dr. Alejo B. González, en los autos testamentarios de Doña María Antonia Segurola de Ramos Mejía, se presentaron los herederos de la misma que eran: Matías, Ezequiel, Magdalena y Marta Ramos Mejía, solicitando se aprobara el convenio celebrado entre ellos a efecto de dividir la chacra de Matanzas, que constituye uno de los bienes pertenecientes a dicha testamentaria, en cuatro lotes de igual valor.

El terreno comprendido entre el Riachuelo de la Matanza y el Ferrocarril del Oeste, llamado Tapiales de Ramos, de acuerdo con el cual habían echado suertes para adjudicar a cada heredero, la fracción que le tocase, habiendo correspondido las cuatro fracciones designadas con los lotes Nros. 1,2,3 y 4, respectivamente a Doña Magdalena R.M. de Elia, Doña Marta R.M. de Madero, Don Matías y Don Ezequiel Ramos Mejía.

El 28 de agosto de 1860 el señor Juez Alejo González, ante el actuario J. Castellote, aprueba el convenio celebrado.

La fracción primera que poseía el casco de la estancia, quedo en manos de Doña Magdalena Ramos Mejía casada con Isaías de Elia.

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